Bio


Currículum Literario

Mayo 2010- Publicación de Los Hijos de Gea. En algún lugar de Orión. Ed. Educando
Octubre 2009- Publicación de Los Hijos de Gea. En algún lugar de Orión. Ed. Mandala.
Noviembre 2009- Premio Mallorca Fantástica por el relato "El amante fiel"
2006- Finalista en el III Certamen Nacional de Poesía Antonia Pérez Alegre, de la Fundación Espejo con el poema "Silencio, Silencio"
2006- Publicación En algún lugar de Orión, Ed. NuevosEscritores
2005- Segundo puesto en el Certamen Bilbo de Poesía de la plataforma web www.elanillounico.com por el poema "Adiós, Eldari"
1994- Segundo puesto en el III Certamen Literario de Piñor



 ¿Demasiado impersonal? Pues te cuento mi historia =)

Nací en una pequeña aldea cercana a Ourense, entre árboles montañas y agua por doquier, ya estuviese corriendo libremente por la tierra o cayéndonos en aguaceros desde las nubes que suelen adornar el cielo de Galicia. 
No os aburriré contándoos mis aventuras y desventuras trepando árboles, encaramándome a tejados o clavándome clavos en los pies, pero sí os diré que muchas de ellas fueron motivadas por las historias que de niña gusté de leer y adoré de escribir. 
En casa mis padres nunca fueron de dar demasiados regalos, pero algo que no solía faltar era un libro bajo la almohada cuando el ratoncito Pérez se llevaba mis dientes. 
En mi infancia nunca faltó la libertad de crecer en un pueblo en el que todos los ojos vecinos velaban por mí mientras yo tenía la aldea entera como campo de juego del escondite, pero tampoco faltó un buen cuento al que recurrir cuando el frío invierno impedía salir a jugar. 
Crecí leyendo las aventuras de los Cinco, que me hicieron soñar algún día con ser escritora como Enyd Blyton, y descubrí la fantasía de mano de Jim Botón y Lucas el Maquinista, un libro casi desconocido del archifamoso Michael Ende. 
Científica, bióloga marina, piloto de aviones de guerra (influencia fraterna)... recuerdo que de pequeña dije querer ser un montón de cosas "cuando sea mayor", pero sólo una permaneció inamovible ante el paso de los años: escritora. 
Ya que no existía (o al menos yo no tenía noticia de que existiera) una carrera de escritora, me decanté por tomar la rama de Humanidades y Ciencias Sociales en el Bachillerato para cursar en un futuro la carrera de periodismo, ya que la veía como lo más cercano para la profesión que yo quería desempeñar. 
A lo largo de esos dos años que cursé fueron muchas las cosas y muchas las personas que me desanimaron: que si no hay trabajo, que si la nota para entrar en Santiago es altísima, que si no tendrás un horario, ni vacaciones, que si olvídate de tener familia, que si para eso tienes que ser un lince (y otras cosas menos dignas)... total... que al final me desanimé y un mes antes de hacer el examen de selectividad decidí cambiar de carrera. 
Ya que no iba a hacer la carrera de mis sueños, busqué la opción contraria, es decir, la que posiblemente me diera un trabajo fijo y un sueldo más o menos decente, y me matriculé en la única ingeniería que es posible cursar por Ciencias Sociales: Ingeniería Técnica en Diseño Industrial. 
Tardé mucho tiempo en tener una idea de qué trataba esa carrera en la que me había metido, casi tanto como mi familia en aprenderse el nombre de la misma. Y durante ese tiempo, llegué a la triste conclusión de que había cometido un grandísimo error. Fueron algunos de los años más infelices de mi vida y todavía hoy me resiento, motivados también por cursar la carrera en la ciudad de Ferrol, vestigio fantasmal de tiempos gloriosos que ahoga ahora las vidas de quienes, como yo, se ven forzados a vivir en ella.
Durante el segundo año, esa rabia y tristeza por sentirme tan desdichada con algo que no era mi pasión, hizo aflorar la que siempre fue mi verdadera vocación: la escritura. 
Un día me senté frente al ordenador y mis dedos empezaron a escribir. Y no pararon hasta tres meses más tarde. Escribí día y noche, y cuando dormía seguía pensando en lo que iba a escribir a continuación. Ni siquiera podía concentrarme para estudiar, pues nada más había en mi cabeza que aquella historia que me llevaba lejos de Ferrol y de aquella carrera cada instante que me sentaba frente a la pantalla. Así se completó entre lágrimas En algún lugar de Orión, y tan pronto escribí la última frase supe que había escrito una historia que merecía ser compartida. 
Decidí probar a publicarla y, como tantos otros noveles, por mi ilusión e ignorancia caí en una de esas trampas mortales que plagan kilómetros de campo alrededor de las buenas editoriales, y que sólo unos pocos autores consiguen sortear y llegar al otro lado con las heridas todavía sangrantes: las editoriales de auto y coedición. En mi caso, lo confieso, fue ignorancia total y completa, pues a mis 20 añitos recién cumplidos poco sabía yo si era normal o no pagar por una edición. En mi caso, como me diría mi amiga Marina Alcolado, a quién conocí gracias a aquel percance (todavía me cuesta llamarles editorial), se ensañaron a base de bien. Aún cubriendo los costes la edición se retrasó más de un año y medio y aún a pesar de mis esfuerzos y debido a los esfuerzos de la editorial por hacer lo mínimo posible, se encaminó peligrosamente en el camino del olvido.
Hace dos años la sensación de caída fue tal que decidí dar un cambio radical a mi vida: o salía de Ferrol o terminaría arrojándome del puente de las Pías. Y en un momento de lucidez extrema, tomé la primera opción: me fui de Erasmus a Alemania. 
Todos los que hayan estado alguna vez de Erasmus no necesitarán explicación alguna de lo que pude haber vivido allí, pues ellos también lo habrán vivido. Al resto os diré que, como a todos los que he conocido que han vivido también esa experiencia, ese año cambió mi vida. 
En mi caso, como ocurre en el de muchos, eso no quiere decir que aprendí a arreglármelas sóla y a estar fuera de casa y blablabla, puesto que llevaba ya seis años lejos de mi familia y sabía de sobras lo que era todo eso. Es más, estaba molida y apaleada de tener que enfrentar problemas y enfermedades sola. 
En mi caso fue todo lo contrario: allí aprendí a vivir de nuevo. Aprendí  a sonreír, a reír y a disfrutar cada momento de la vida. A saber cuándo es necesario hacer una pausa en el trabajo para recordar que necesito del contacto de otra gente, que necesito hablar y escuchar, y simplemente recordar que sigo viva y que hay que celebrar todo lo que he conseguido. Conocía el lado realista de la vida, y allí aprendí a verlo desde el lado positivo y no desde el negativo, y a que todos los problemas se afrontan mejor con un "no te preocupes, todo saldrá bien, siempre hay una solución". 
Allí recuperé mi motivación por el diseño y tuve la oportunidad de estudiar en una de las mejores universidades de diseño en Alemania (que no es decir poco) y hacer un proyecto en colaboración con Audi, algo que ni en mis mejores sueños habría imaginado cuando tomé el avión en España de camino a Alemania.
Al mismo tiempo recuperé también las fuerzas para luchar por En algún lugar de Orión, que se había convertido ya por aquel entonces en la primera parte de una trilogía a la que llamé Los Hijos de Gea, y otras novelas empezaban ya a tomar forma tanto en mi cabeza como en el papel. 
Estando todavía en Alemania entré en contacto con la editorial Mandala, através de una allegada que iba a iniciar su andadura en el grupo iniciando una nueva colección. Me dieron la oportunidad no sólo de publicar la obra con ellos, sino de ser parte de ese nuevo proyecto participando también en el diseño del mismo. 
En Alemania fue también donde conocí al esloveno Urban Breznik, quien estaba estudiando ilustración y diseño gráfico y con quién desde el principio entablé una estrecha amistad. Pronto pasó a ser parte del equipo, desarrollando todo el aspecto gráfico que ya forma parte de Los Hijos de Gea.
Así, tuvimos el honor de presentar el libro por fin a finales de octubre en el Centro Gallego Saudade de Barcelona, mi casa gallega en mitad de la ciudad protagonista indiscutible de la obra.

En Noviembre, aprovechando la promoción de Los Hijos de Gea en el festival de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror Mallorca Fantástica, recogí el premio de Narrativa Mallorca Fantástica por mi relato "El amante fiel", obra a la que le he cogido mucho cariño.

Hace tan sólo unos meses, la obra llegó a la ciudad de Nagasaki de la mano de un gran amigo aún en la distancia (Narmo, te debo una buena mariscada), y por esas buenas rachas de suerte llamadas a veces casualidades de la vida, En algún lugar de Orión será traducido al japonés por los alumnos de filología hispánica de la Universidad de Nagasaki. 

Estos últimos meses están siendo muy revueltos, pero eso será algo que todavía tendré tiempo de contaros con calma. =)